La inteligencia emocional como resistencia y resiliencia
No crecí escuchando hablar de inteligencia emocional. Como muchos de nosotros que navegamos en sistemas que no están diseñados para nuestra plenitud, aprendí autorregulación emocional a través de la supervivencia, no de cursos de liderazgo. Pero recientemente, tuve la oportunidad de profundizar mis conocimientos en una capacitación sobre liderazgo, y cambió mi forma de pensar sobre la resiliencia, el poder y las relaciones. Esto es lo que me llamó la atención: La inteligencia emocional no es solo una “habilidad” de liderazgo. Es una forma de ser que nos ayuda a mantener los pies en la tierra, especialmente en situaciones que intentan arrebatarnos demasiado. Es un ciclo que comienza con nosotros mismos, se extiende a los demás y, en última instancia, moldea cómo nos presentamos en el mundo. El ciclo consta de cuatro partes: Conócete a ti mismo Gestímate Conoce a los demás y reconoce lo que se manifiesta en ellos Gestínate esas relaciones
Parece sencillo. Pero no lo es. Sobre todo cuando tus emociones han sido vigiladas o ignoradas. Sobre todo cuando te han enseñado que gestionar a los demás significa controlarlos, no comprenderlos. La inteligencia emocional nos pide: Reconocer nuestras propias emociones sin vergüenza. Percibir lo que los demás puedan estar sintiendo, incluso cuando no se expresa. Usar esa conciencia para generar confianza y desarrollar una influencia auténtica. Hay una dimensión de la inteligencia emocional que a menudo se pasa por alto: el contexto. La formación enseñó que la inteligencia emocional se manifiesta en tres dimensiones: La situación, tus elecciones y decisiones, y los resultados.
Para mí, eso es importante, porque no todos entramos en una sala con el mismo poder o privilegio. Nuestro contexto importa. Y por eso digo que la inteligencia emocional debe ser descolonizada. No se trata de fingir calma ni de tragarse el dolor para que los demás se sientan cómodos. Se trata de responder con claridad e integridad, sin rebajar tus propios estándares solo para mantener la paz. Déjame decirlo de nuevo: Nunca bajes tus estándares para que alguien más se sienta más cómodo. Una vez que lo hagas, podrías cambiar el resultado para siempre, y no siempre de una manera que honre tus valores. Sigo aprendiendo esto. Sigo practicando. Creo que la inteligencia emocional puede ser una herramienta para la sanación y la resiliencia colectiva, no solo para el avance profesional. ¿Quieres practicar la inteligencia emocional de una manera más profunda y arraigada? Suscríbete a mi boletín diario. Cada mañana, te enviaré una pregunta poderosa. Solo una. Una pequeña sugerencia para ayudarte a reflexionar, reconectar y liderar con intención. Crezcamos juntos, empezando de adentro hacia afuera.